César Campos - Conciencia Ciudadana

La utopía de este tiempo

El escritor Eduardo Galeano, citando la autoría del cineasta Fernando Birri, cuenta la respuesta que éste dio a la pregunta de un joven universitario en Cartagena de Indias, Colombia, ¿“para qué sirve la utopía?”, a lo que respondió: la utopía está en el horizonte, allá lejos, si camino hacia ella 10 metros, ella se aleja 10, si camino 20 se aleja también. ¿Para qué sirve? Para eso, para caminar.
Pero, todos caminan, si tienen capacidad de locomoción; por lo que, aplicando la figura literaria dibujada por Birri, hay quienes saben hacia dónde caminan y otros caminan por caminar. Los que saben hacia dónde, son los que tienen una utopía.

Hace algo más de 500 años, El filósofo y político inglés Tomás Moro le dio forma literaria a su ideal de república, diseñada en la “Isla Utopía”, una sociedad de ciudadanos productores que han elegido ser ciudadanos de Utopía, regidos por una teocracia religiosa, donde todo es público, nada privado, la vivienda es rotativa, las ropas iguales solo con distinción de género y situación civil, el día dedicado un tercio al trabajo, un tercio al descanso y el otro al ocio, educación enfocada a la sabiduría y la solución de problemas, encaramiento de las enfermedades irreversibles con la eutanasia.

Por buen tiempo en Europa se propagó la organización de pequeñas comunidades fraternas inspiradas en el pensamiento de Moro y los enrolados se llamaron a sí mismos, socialistas utópicos y fruto de un rico proceso creativo de constructos en la economía, para superar el lucro excesivo y el lucrativo negocio parasitario de las finanzas, surgió el cooperativismo. Karl Marx creyó encontrar en la organización imaginaria de Moro y la experiencia de los socialistas utópicos, el punto de llegada para poner a toda la humanidad en una comunidad universal, de allí el “comunismo”. Las sociedades de clases debieran dar paso a la sociedad sin clases, debido a que tal propósito es inviable por voluntad razonada, inventó la desaparición coercitiva.

Veinticinco siglos después, podemos reinventar a Platón como inspiración para una república al siglo 21. De la lectura de La República tomamos caprichosamente cinco ideas que son pilares de su pensamiento que, más allá de los modelos, pueden inspirar una visión de utopía para el Perú: i) la república es una medio para la formación humana y no sólo un modo de organizar a la sociedad, ii) el estado nace cuando el individuo no puede resolver los problemas de su existencia por sí solo y se hace prescindible cuando no los resuelve, antes bien, los hace complejos y les impide hacer de la vida una vivencia trascendente; iii) la justicia es virtud del alma, en el sentido que hace al hombre ser hombre, iv) que el gobierno corresponde a los sabios, conscientes que su misión les priva de beneficio material o incremento de su patrimonio, salvo el privilegio de conducir al estado para servir a los individuos, por lo que la democracia debe ser educada para asegurarlo; y v) vitalizar el derecho de las mujeres para educarse, igual que los varones, en filosofía y para ocupar cargos públicos.

A lo largo de los siglos, especialmente el brillante siglo XX, con los razonamientos refrescados de filósofos y cultores de las ciencias sociales, las sociedades humanas han hecho nacer estados declarados republicados, sólo por las formas democráticas para dar origen a sus gobiernos, por lo general, vacíos de servicios reales a sus ciudadanos y totalmente alejados de los grandes propósitos de los razonamientos filosóficos y conceptos teóricos de su creador y sus seguidores.

La construcción de nuestra utopía se nutre de todos estos genes, pero además teniendo como privilegiada referencia, la lucha ideológica, política, económica, social y cultural proyectada desde la concepción liberal capitalista hacia la solidaria socialista. El capitalismo, con su carga material basada en la propiedad individual de los bienes de uso y producción, la competencia y el lucro acumulativo; el socialismo, basado en el reconocimiento de la naturaleza colectiva de la creación de riqueza, la resistencia racional al egoísmo excluyente y la opción por la cooperación y la fraternidad.

Nuestra apreciación es que el capitalismo y el socialismo tienen en su ADN una parte de la verdad, en cuanto proyecciones de vida social de los seres humanos. El aserto de esta afirmación, conduce a integrar lo andado en el humanismo, como nueva visión; una visión para este siglo, que deviene en síntesis del pensamiento humano, en todos los campos, de todos los tiempos, lejos del eclecticismo. No es, por cierto, una forma de reeditar con antropocentrismo el teocentrismo de los viejos tiempos, ni de evocar la gloria de los clásicos greco romanos o de los renacentistas Petrarca, Dante, Erasmo, aún de los escolásticos y agnósticos liderados por Niethammer o del mutualismo de Proudhom; tampoco de centrarse sólo en la promoción del conocimiento y práctica de valores, de por sí, una abstracción para todo entendimiento y todo interés.

El Humanismo en este siglo, tiene exploradores en muchas partes del mundo. En Latinoamérica se han sembrado motivaciones el enfoque ético del argentino Silo (Mario Rodríguez) y su llamado a luchar en favor de los desposeídos, los abandonados y los perseguidos, con más preguntas que respuestas en el cómo, que ha motivado la organización de algunos partidos políticos. El humanismo de este siglo, asume como una referencia de alta relevancia, las reflexiones, propuestas y trabajos orientadores de Norberto Bobbio, sobre las que nos proponemos añadir valor desde la perspectiva andino amazónica en el territorio peruano.

La preparación del substrato filosófico, económicos, político y social, del humanismo de este siglo, deberá responder con solvencia y estimulación a la acción política y social a tres cuestiones claves: i) cómo encarar el vínculo del ser humano con el resto del paisaje natural, que no es su contexto, sino parte del todo que le incluye y que, por no entenderlo, ha operado con irracionalidad y provocado distorsiones tales como la desertificación y el cambio climático. ii) cómo encarar la desestructuración social estimulada por la lucha de alto contenido instintivo por arrebatar trozos de ubicación en los mercados excluyentes y, finalmente, iii) cómo encarar el aumento de la esperanza de vida, el crecimiento de la población, con la creciente demanda de alimentos y medios de vida y sus contradicciones entre pequeños segmentos de opulencia y grandes contingentes en lucha por la sobrevivencia frente a la escasez creciente en prospectiva.
En las indagaciones sobre “Socialismo Liberal”, encontramos una ruta de razonamiento, para imaginar el nuevo funcionamiento de los estados, de sus democracias y de sus gobiernos, basados en una nueva utopía de sociedad para este siglo, que será el núcleo de los razonamientos propios y de personalidades invitadas.